martes, 27 de junio de 2017

Anthonino Capetto y Jack Schuler: Acciones en el Castillo de los Misterios

5: 10 am. Aún la noche no dejaba de existir cuando se notaron las primeras sombras cercanas al Plantel, él había llegado primero para visualizar las pequeñas acciones que se hacían en torno al viaje. Jack Schuler, por una extraña costumbre que había adoptado, llegaba también temprano, solo atinó saludar a algunos padres que también compartían esa extraña costumbre. Pasado unos minutos, Capetto se hacía notar junto a sus “compañeros de aula”. El día avanzaba y los vericuetos del viaje eran más pronunciados; después de un par de horas pudieron, por fin, salir hacia aquel Castillo de los Misterios o llamado comúnmente por los locales, Castillo de Chancay. Tanto Schuler como Capetto esperaban el momento propicio para perderse entre los alumnos e intercambiar información con sus camaradas; ellos los estarían esperando en aquellas haciendas antiguas previas al Castillo y, por supuesto, en el Castillo mismo. Sin embargo, sus deseos se frustraron al no perder de vista a sus cuidadores, es decir, sus tutores de salón, que hacían un trabajo esmerado por vigilarlos. A pesar de ellos, ya se había premeditado encuentros (inevitables) en el Castillo de los Misterios. Uno se llevaría a cabo dentro de -la popularmente conocida- Casa del Terror que formaba parte del esparcimiento del Castillo. Schuler sería el encargado de ingresar y entregarle información (sobre él) a uno de sus camaradas que estaría disfrazado como un sujeto del terror, aprovecharía la oscuridad del espacio y la confusión que se daría entre alumnos de cuarto año provocada por las escenas terroríficas que se presentarían dentro. A pesar de que Schuler sabía que él ingresaría como cuidador de los alumnos, no frenó sus intenciones. Muchos de aquellos alumnos comentaron después que vieron al “alumno Jack” golpear a uno de esos sujetos del terror, pero lo que realmente sucedió fue un intercambio de información… pero esa situación no pasó inadvertida para él. Por otro lado, Capetto haría algo parecido en la parte más alta del Castillo; por un descuido de los cuidadores, Anthonino subió con sus “compañeros” hacia esa parte y escribió sobre las paredes, rápidamente, información que se había obtenido sobre él hasta ese momento; el código morse era el elegido. Curiosamente, el cuidador para bajar a los alumnos fue él, quien pasó quietamente frente al código escrito. Él empezó a unir cabos sobre lo que había visto y leído, y las situaciones anormales que se habían presentado con esos “alumnos”, así que trazó un plan para identificarlos y definir a qué agencia pertenecían y qué es lo que había detrás de todo ello. Durante el camino de regreso, aprovecho un juego que se hacía en la parte trasera del carro con los grupos de cuarto y quinto, consistía en dejar a un alumno sin su sitio establecido y para ello se valían de muchas formas. Él, primero llamó a Schuler y luego a Capetto para preguntarles sobre un asunto de relativa importancia (si habían recibido una ficha de evaluación) y, para no ser tan evidente, les hizo creer que él formaba parte del juego al llamarlos para que perdieran sus sitios, por lo menos esa fue la idea que se llevó Capetto. Pero todo formaba parte de un plan: tomarles una fotografía de rostro a cada uno para investigarlos e identificarlos en una lectora de rostros, una máquina muy sofisticada que él poseía. El objetivo era conocer muy bien a los posibles “enemigos”.


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