jueves, 25 de mayo de 2017

Más extraño que la ficción

Harold Crick es un individuo totalmente monótono y apegado a la rutina, su vida está totalmente milimetrada por un reloj, cuenta las veces que se cepilla sus dientes exactamente 76 veces (38 verticalmente, 38 horizontalmente) e incluso cuenta el número de pasos a su trabajo, digamos que su vida está matematizada por completo; él encuentra en su soledad la manera cómo debe de vivir —o no vivir plenamente—, pues ha hecho de su vida un círculo vicioso del cual no parecería haber salida, cabe señalar además, que es un auditor de los Servicios de impuesto.
Un día, Harold comienza a oír una voz femenina que describe lo que él hace, como si se tratara de un personaje literario, él intenta comunicarse con la voz, pero se da cuenta que ella no lo puede oír. Cuando cambia la hora de su reloj (por una circunstancia muy extraña), la curiosidad por la voz se transforma en ansiedad cuando dice que se está acercando a su muerte inminente. Él va a la consulta de un psiquiatra, quien atribuye la voz a la esquizofrenia. Sin embargo, luego que Harold le dice que no se trata de esquizofrenia, el psiquiatra le recomienda ver a un experto literario. Harold visita a Jules Hilbert, profesor de universidad, para que le aconseje cómo cambiar su destino, este entiende que es una tragedia, y elabora una lista de posibles autores que podrían estar escribiendo la historia.
Mientras tanto, Harold se enamora de Ana Pascal, una joven a la cual hace auditoría, quien trabaja como panadera, ella ve la vida de otra manera, saca la parte más ocurrente de alguna circunstancia, no duda en amargarse, en disgustarse; le place lo que trabaja y le hace sentir feliz. Harold sigue el consejo de Hilbert y comienza a vivir de una manera diferente, dejando de lado la  preocupación por su terrible muerte.
Harold se aproxima más a Ana Pascal (que por cierto, tiene un apellido muy paradójico), se interna en la intimidad de su trabajo, creando una muy buena excusa, él solicita revisar sus últimos recibos de pago de impuestos, ella le otorga los recibos pero con un pequeño detalle: están totalmente desordenados, Harold se queda horas buscando y conversando con Ana; él se olvida de su vida perfecta, de su trabajo, incluso su forma de vestir cambia; busca de alguna manera que su vida tenga un “final feliz”, pero le resulta difícil, pues la manera como ha vivido le trae muchos rezagos, la apatía, el desinterés y la desidia no lo dejan avanzar, cabe resaltar una escena importante: Ana le prepara algunas galletas, sin embargo él no las acepta por formalidad, no quiere deberle nada a nadie, Ana insiste pero recibe un no categórico, es en ese momento que Harold se da cuenta del gesto de cariño, de generosidad, pero ya es demasiado tarde, Ana se resiente y él entiende que su vida está destinada a ser una tragedia.
Después de un tiempo, Harold insiste en su vida sin un destino trágico, trata de reparar su relación amical con Ana, le lleva unas bolsas de harina, las cuales Ana las acepta después de una corta conversación, entran a su casa, ella prepara un lonche, mientras él encuentra una guitarra en la casa y empieza a tocarla, sus recuerdos posiblemente de juventud regresan y canta, Ana, que está en la cocina, escucha su cantar, se sorprende de ese gran cambio: un hombre apegado a los números se interesa en la música—o más bien, regresa a la música—, Ana comprende que ya no es la misma persona, que tiene nuevas sensibilidades, es entonces que florece el amor.
A pesar de todo ello, Harold insiste en su búsqueda, descubre quién es la narradora, el profesor le anuncia malas noticias: en todos los libros de esa escritora, el protagonista muere. Harold la busca, cuando se reúne con ella en su apartamento, le dice que es Harold Crick, el protagonista de su libro. Ella le entrega el libro, cuyo final aún no está mecanografiado. Harold no se atreve a leerlo, y se lo entrega a Hilbert para que lo haga primero.
Cuando Harold recibe el libro de Hilbert, el profesor le dice que es una obra maestra, y que su muerte es necesaria para la historia. Harold sube a un bus y comienza a leer el libro, cuando termina, visita a la escritora, y le dice que aceptará su muerte—esta es la parte inicial de la reinvención del personaje—, ya que esa era una obra maestra. Harold pasa su última noche con Ana, medita mucho y despierta para enfrentarse a su destino.
Karen (la escritora) narra la vida del protagonista: cómo se levanta, se prepara para ir al trabajo, y su espera del bus. La narradora explica que cuando Harold cambió la hora de su reloj, estaba tres minutos adelantado, lo que sería la principal causa de su muerte. Mientras espera el autobús, Harold salva a un niño en bicicleta de ser atropellado, recibiendo él a cambio dicho impacto.
Karen decide no matar a Harold, quien irónicamente es salvado por su reloj, ya que este detiene una hemorragia mortal. En el hospital, Harold es visitado por Ana, él comprende que la escritora le dejó vivir, es entonces cuando su sentido de vida cambia—una vez más, movido siempre por el juego lúdico de la película—; se connota que a partir de esta escena, la vida del protagonista dará un giro radical, aprovechará los pequeños momentos que enriquecen la vida, aquellos bellos detalles que le dan dulzura y sentido a nuestra existencia.


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