Harold
Crick es un individuo totalmente monótono y apegado a la rutina,
su vida está totalmente milimetrada por un reloj, cuenta las veces que se
cepilla sus dientes
exactamente 76 veces (38 verticalmente, 38 horizontalmente) e incluso cuenta el
número de pasos a su trabajo, digamos que su vida está matematizada por
completo; él encuentra en su soledad la manera cómo debe de vivir —o no vivir
plenamente—, pues ha hecho de su vida un círculo vicioso del cual no parecería
haber salida, cabe señalar además, que es un auditor de los Servicios de
impuesto.
Un día, Harold comienza a oír una voz femenina que
describe lo que él hace, como si se tratara de un personaje literario, él
intenta comunicarse con la voz, pero se da cuenta que ella no lo puede oír.
Cuando cambia la hora de su reloj (por una circunstancia muy extraña), la
curiosidad por la voz se transforma en ansiedad cuando dice que se está
acercando a su muerte inminente. Él va a la consulta de un psiquiatra,
quien atribuye la voz a la esquizofrenia. Sin embargo, luego que Harold le
dice que no se trata de esquizofrenia, el psiquiatra le recomienda ver a un
experto literario. Harold visita a Jules Hilbert, profesor de universidad, para
que le aconseje cómo cambiar su destino, este entiende que es una tragedia, y elabora
una lista de posibles autores que podrían estar escribiendo la historia.
Mientras tanto, Harold se enamora de Ana Pascal, una
joven a la cual hace auditoría, quien trabaja como panadera, ella ve la vida de
otra manera, saca la parte más ocurrente de alguna circunstancia, no duda en
amargarse, en disgustarse; le place lo que trabaja y le hace sentir feliz.
Harold sigue el consejo de Hilbert y comienza a vivir de una manera diferente,
dejando de lado la preocupación por su
terrible muerte.
Harold se aproxima más a Ana Pascal (que por cierto,
tiene un apellido muy paradójico), se interna en la intimidad de su trabajo,
creando una muy buena excusa, él solicita revisar sus últimos recibos de pago
de impuestos, ella le otorga los recibos pero con un pequeño detalle: están
totalmente desordenados, Harold se queda horas buscando y conversando con Ana;
él se olvida de su vida perfecta, de su trabajo, incluso su forma de vestir
cambia; busca de alguna manera que su vida tenga un “final feliz”, pero le
resulta difícil, pues la manera como ha vivido le trae muchos rezagos, la
apatía, el desinterés y la desidia no lo dejan avanzar, cabe resaltar una
escena importante: Ana le prepara algunas galletas, sin embargo él no las
acepta por formalidad, no quiere deberle nada a nadie, Ana insiste pero recibe
un no categórico, es en ese momento que Harold se da cuenta del gesto de
cariño, de generosidad, pero ya es demasiado tarde, Ana se resiente y él
entiende que su vida está destinada a ser una tragedia.
Después de un tiempo, Harold insiste en su vida sin un
destino trágico, trata de reparar su relación amical con Ana, le lleva unas
bolsas de harina, las cuales Ana las acepta después de una corta conversación,
entran a su casa, ella prepara un lonche, mientras él encuentra una guitarra en
la casa y empieza a tocarla, sus recuerdos posiblemente de juventud regresan y
canta, Ana, que está en la cocina, escucha su cantar, se sorprende de ese gran
cambio: un hombre apegado a los números se interesa en la música—o más bien,
regresa a la música—, Ana comprende que ya no es la misma persona, que tiene
nuevas sensibilidades, es entonces que florece el amor.
A pesar de todo ello, Harold insiste en su búsqueda,
descubre quién es la narradora, el profesor le anuncia malas noticias: en todos
los libros de esa escritora, el protagonista muere. Harold la busca, cuando se
reúne con ella en su apartamento, le dice que es Harold Crick, el protagonista
de su libro. Ella le entrega el libro, cuyo final aún no está mecanografiado.
Harold no se atreve a leerlo, y se lo entrega a Hilbert para que lo haga
primero.
Cuando Harold recibe el libro de Hilbert, el profesor le
dice que es una obra maestra, y que su muerte es necesaria para la historia.
Harold sube a un bus y comienza a leer el libro, cuando termina, visita a la
escritora, y le dice que aceptará su muerte—esta es la parte inicial de la
reinvención del personaje—, ya que esa era una obra maestra. Harold pasa su
última noche con Ana, medita mucho y despierta para enfrentarse a su destino.
Karen (la escritora) narra la vida del protagonista: cómo
se levanta, se prepara para ir al trabajo, y su espera del bus. La narradora
explica que cuando Harold cambió la hora de su reloj, estaba tres minutos
adelantado, lo que sería la principal causa de su muerte. Mientras espera el
autobús, Harold salva a un niño en bicicleta de ser atropellado, recibiendo él
a cambio dicho impacto.
Karen decide no matar a Harold, quien irónicamente es
salvado por su reloj, ya que este detiene una hemorragia mortal. En el
hospital, Harold es visitado por Ana, él comprende que la escritora le dejó
vivir, es entonces cuando su sentido de vida cambia—una vez más, movido siempre
por el juego lúdico de la película—; se connota que a partir de esta escena, la
vida del protagonista dará un giro radical, aprovechará los pequeños momentos
que enriquecen la vida, aquellos bellos detalles que le dan dulzura y sentido a
nuestra existencia.

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