Aldo
Dall’Orso (Lima, 1961) es poeta y escritor autodidacta, actualmente radica en
Canadá. Su narrativa publicada consta de cuentos cortos aparecidos en algunas
columnas periodísticas en Canadá y E.U.A. (Miami). Este es su primer libro de
cuentos, recopilación de los que ya
había publicado en aquellas columnas. El libro aborda historias con
circunstancias cotidianas llenas de un matiz satírico, que no tiene otro
propósito más que censurar conductas, formas de pensar y complejos, estos quedan
interiorizados en los personajes, quienes deberán afrontarlos en un determinado
momento para que, al final, tomen consciencia de lo importante que ellos son.
Los
primeros ocho cuentos tienen un hilo conductor similar: el uso del elemento satírico
y la profundización del pensamiento personal, de ahí la predilección por el
narrador en primera persona; los personajes concentran miedos, guardan rencores,
llevan una vida apática, muchas veces, hasta el encuentro con una situación
inesperada, la cual les servirá para el desahogo de sus frustraciones y la
superación de sus complejos, «Cara de payaso» y «Nada personal» son un buen
ejemplo de ello. Los siguientes dieciséis cuentos se enmarcan en el tema de las
apariencias, la hipocresía, las desigualdades sociales y la falta de identidad;
prima los diálogos y el tono casual; predomina el narrador en primera persona,
aunque algunas veces aparece el narrador omnisciente; es constante el uso de la
ironía, lo que motiva a una lectura más agradable, «La huida del paralítico», «Dios
los cría y el diablo los junta» y «No todo lo que brilla es oro» muestran estos
elementos.
Son
relatos con distintas circunstancias y diferentes niveles de tensión, lo que
pasa en ellos resulta singular pero, muchas veces, caen en lo previsible: la
historia de amor llena de apariencias, interrumpida por un desborde de
agresividad del hombre que cambiará la percepción que tiene ella de él («El día
de sereno»); el rencor guardado de un padre que no consiente a su única hija
tener enamorados puesto que a él, cuando era joven, no le permitieron ello
porque era pobre, inferior y no llenaba
las expectativas («La pedida»); un hombre que radica en Canadá, se siente
atormentado por los recuerdos de su antigua patria, estos no lo dejan vivir tranquilo y lo incitan a
volver («Todos vuelven»).
Sorprende,
además, las reflexiones y descripciones de los protagonistas, los cuales poseen
una dimensión psicológica que servirá
para crear una atmósfera de perplejidad e incertidumbre, por ejemplo en «El
maestro», el personaje queda sorprendido al escuchar una noticia que cambiará
su vida, pues siempre había algo en él que lo atormentaba y frenaba hacia el
éxito, el cambio afectará todos los niveles de su vida, reconfigurando así toda
su personalidad.
Debido
a que impera la anécdota simple, no se muestran muchas técnicas narrativas
salvo los diálogos y el flashback, que generan en el relato expectativa e
intensidad narrativa. El tratamiento del lenguaje es sencillo y fluido, de ahí
una lectura factible; además, los
diálogos se enmarcan en lo coloquial, y exponen algunas frases típicas limeñas:
combis asesinas, buscar chamba, recurseo haciendo taxi, misios, etc. («No somos
nada»); por cierto, en muchos de los cuentos aparecen algunos nombres y frases
en inglés: parking, party ( «Party»), strangers, rock and roll, blues, show ( «Insólita
noticia») son un ejemplo de ello.
Asimismo,
podemos identificar a los cuentos como un conjunto de voces que llaman a una
reflexión, pues los personajes se muestran afectados, directa o indirectamente por
situaciones anteriores de sus vidas, ellos mantendrán sus complejos de dejadez,
inseguridad, timidez o incluso
inferioridad hasta un momento límite en el que tendrán que afrontar sus grandes
obstáculos, utilizando, para tal fin la ironía y la sátira, que llevan, desde
luego, a un desconcierto del lector; los cuentos «Nada personal» e «Idiosincracia» son claros ejemplos de esta
definición del hombre, en ese sentido, el humor negro se manifiesta en los
relatos con mucha sutileza e ingenio, sin llegar, desde luego, a la burla.
No somos nada
se revela como una propuesta original e interesante en el ámbito literario
local, tanto por la temática como por la configuración de los relatos y del
libro en su totalidad. Dall’Orso imprime a sus páginas un ritmo cadencioso y
elocuente, para reflejar una delgada anécdota junto con la sensación de asombro
que se inscribe en la secuencia ficcional. Su narrativa implica, un análisis de
la realidad y de los elementos que nos constituyen como personas,
cuestionándonos y cuestionándolo todo; construye mundos en los cuales aflora el
titubeo y la vacilación en espera de la seguridad y fortaleza, enmarcados en
una sutil ternura no tan lejana a una ingeniosa crueldad. Esa es la esencia de
este libro.

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