ADAUI, Katya. Nunca
sabré lo que entiendo. Lima: Planeta, 2014. 66 pp.
¿Qué criterios nos configuran? ¿Cuál es el peso de
los otros en nuestra vida? ¿Cómo se edifica la memoria? A través de una prosa de
contornos líricos y de naturaleza dinámica, así como una narración fragmentada,
Nunca sabré lo que entiendo penetra
en nuestros vacíos y grietas, con el objetivo de indagar en ese misterio que
somos nosotros mismos. El viaje es la excusa perfecta para el proceso de
autoconocimiento. La reflexión acentúa este asunto, pues permite la huida del
presente hacia la vida pasada, hacia los recuerdos que advienen en esta
ausencia de nosotros mismos. Sin embargo, Adaui no descuida el presente, este
juega con el escape del sujeto para crear puentes que actualizan la vida misma.
Lo que desde
el inicio es un viaje en tren de una muchacha, sentada frente a un extraño,
termina siendo un traslado hacia un lugar desconocido en el que agolpan los
recuerdos que la atenazan a una vida pasada: su pareja, la nostalgia y la
libertad. La narración sigue la libre asociación de ideas que la protagonista
desarrolla mientras se traslada; al final, la aguarda la ilusión de comprender
su propia aventura. El relato resulta espontáneo y sencillo, virtudes que
encontramos en la escritura de Adaui. El empeño por forjar un estilo personal
es, tal vez, la nota característica de esta novela. Sin embargo, por momentos
hallamos un afán exagerado por la fragmentación, que resulta agobiante en el
devenir del desarrollo novelesco.
A pesar de aquello, la obra tiene virtudes como su
sobrio detallismo, la conjunción del relato directo con el irónico, el tono
sutil de la evocación literaria y las imágenes altamente gráficas. Así, con
esta osada primera novela, luego de dos colecciones de cuentos muy celebrados,
Katya Adaui incursiona la aventura de indagar nuestra propia existencia y
esencialidad. Al final de cuentas, todos somos resultados de viajes subsecuentes,
aquellos que constantemente nos descentran y cuestionan. Por ello, la novela es
una invitación a reinventarse desde adentro, a someternos con exploraciones
nuevas para engendrar inusitadas imágenes de conocimiento, ya que estas siempre
nos invocan cuando regresamos a nuestras tragedias cotidianas.
Por: Abel Poma Rivas
Por: Abel Poma Rivas

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